Por: Rubén Villa Valencia.
“la política es el arte de construir la fuerza social y política que permita cambiar la correlación de fuerzas para hacer posible en el futuro lo que aparece como imposible en lo inmediato. Pero, para lograr construir fuerza social es necesario que las organizaciones políticas expresen un gran respeto por el movimiento popular; que contribuyan a su desarrollo autónomo, dejando atrás todo intento de manipulación. Deben partir de la base de que ellas no son las únicas que tienen ideas y propuestas y que, por el contrario, el movimiento popular tiene mucho que ofrecerles, porque en su práctica cotidiana de lucha va también aprendiendo, descubriendo caminos, encontrando respuestas, inventando métodos, que pueden ser muy enriquecedores”
Marta Harnecker en ideas para la lucha
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a búsqueda del poder político por parte de los partidos como expresión de una clase social, en este caso de una clase social históricamente excluida, no cambiara de ser una simple ilusión en tanto no se nutra y redireccione su actuar teniendo como punto de partida del discurso y de la practica una mirada franca hacia los denominados “sectores populares”, a su condición histórica de excluidos, a la reconstrucción de su memoria y a su realidad concreta, a la generación de su desarrollo como iniciación de la reflexión acerca de la practica política. En tanto no se discuta nuestra condición de no-poder. Esta formula parece un poco vaga si tenemos en cuenta que las enormes decisiones de la vida del país (las que aparentemente son mas importantes), se llevan a cabo en las esferas publicas y representativas del poder político; pero, ¿donde definitivamente se expresan las consecuencias de estas decisiones?
Estoy seguro que cada una de las bregas más significativas acerca de temas neurálgicos en Colombia, tienen su reflejo entre los pobres: el desempleo, las privatizaciones, la seguridad democrática, la pobreza, la concentración de propiedad, poder político y riqueza, la violencia paramilitar, la falta de reconocimiento e inserción social de las llamadas minorías (de genero, étnicas, sexuales, económicas), el terrorismo y sobretodo el terrorismo de Estado, los pactos comerciales. En ese sentido es posible que no exista sujeto más amplio y más sabio que el pueblo y entonces es posible que estemos hablando de la determinación de un sujeto popular; acercándonos a la orilla de la discusión acerca del sujeto popular como sujeto histórico de transformación.
Es el pueblo quien conoce su historia y sus necesidades, es esa el agua en la cual debemos beber para aprender de política, para cambiar la política y sobre todo para variar nuestra política, que es finalmente lo que nos importa. Es el pueblo quien debe dirigirnos y no nosotros a él. Si llevamos a cabo lo anterior estaríamos dejando de lado las rivalidades propias de las tendencias y expresiones al interior de los partidos, los despotismos del poder, los innecesarios cultos a la personalidad, la vaga idea de que un hombre (o una mujer) debe encarnar un pueblo para que exista la lucha y estaríamos a la orilla de dar el salto hacia la construcción de movimiento, porque es importante dejar claro que aquí no existe movimiento, ni mucho menos poder real, en tanto instrumento para la transformación de las condiciones de vida en la sociedad.
El problema del poder desde nosotros es un problema que no ha sido verdaderamente abordado por los sectores y es una discusión necesaria porque es una discusión de lo estratégico y esta en el epicentro de un problema concreto de la izquierda como lo es el de la participación en la construcción de formas de organización desde las cuales nos hablemos un poquito mas acá, alejados de las teorías políticas. Y además hable nuestro movimiento.
Solo por aproximarme un poco a esa discusión quisiera decir que el problema del poder desde nosotros es un problemapedagógico desde la comunicación como construcción dialogica de cultura y memoria en resistencia; de un dialogo con nosotros que identifique, exalte, diagnostique y supere nuestros principales productos socioculturales, de superación de la idea de sujeto (organización sectorial-partido político-movimiento social como relación dialéctica) desde lo ideológico y de planeacion de la construcción de un desarrollo por abajo que tenga como punto de partida los imaginarios populares, sus resistencias simbólicas al capital y sus formas de hallarse. Lo anterior es el partido, tan necesario en estos tiempos como escenario de organización y construcción de plataforma, como lugar de confluencia de las principales problemáticas estructurales del país.
Es tan sintomático de lo anterior el ver que vivimos en un país donde el poder histórico se esta desmoronando prácticamente ante nuestros ojos, donde el viraje de los países de América es hacia el socialismo, donde se discute, se pacta, se aprueba y se firma y además se transmite la firma de un Tratado de libre Comercio que lesiona nuestra naturaleza de Estado Nación, sin que esto se traduzca en construcción y movimiento de oposición a estas situaciones. Donde lógicamente lo anterior ha originado contra discursos valiosos de nuestros representantes y expresiones, pero muy poca influencia en el desarrollo y la madurez de nuestros procesos políticos. Aunque nada novedoso, es importante admitirlo nuevamente y volverlo a hacer hasta que se constituya en una herramienta de trabajo de la organización política: somos un pueblo y unos partidos sin edad histórica, sin memoria que se traduzca en construcción, somos un partido que asiste a su presente sin el necesario de la experiencia de su pasado. Nuestras principales reivindicaciones, desde las del Frente Unido de Camilo Torres hasta las del Frente Social y político se encuentran intactas. Nuestros pueblos y nuestras luchas no son recogidos por los discursos de los partidos y las organizaciones. Somos un conjunto de luchadores sin memoria. O mejor, sin la sistematización de una memoria.
Entendamos que el actual desarrollo de la política se da en el contexto de un mundo globalizándose. Un mundo donde los hechos económicos, comerciales, militares y políticos que se producen se traducen concretamente en ideología y eso esta definiendo los campos y los poderes de la misma forma en que se definen los poderes en lo local. Por ejemplo, Colombia en el mercado internacional es un actor sin poder real diferente al que le pueden dar sus ofertas de explotación de nuestras riquezas y de venta de patrimonio representado en bienes y servicios. En el ámbito internacional existen campos muy definidos, un conjunto de islas económicas y políticas que se conectan por medio de tratados y pactos: el nuevo campo socialista en América del sur, la comunidad económica europea, el sector asiático y el medio oriente casi manejado totalmente por Estados unidos. Como nación, Colombia ha decidido colocarse del lado de los Estados Unidos y de sus pretensiones de constituirse en la fuerza de seguridad más grande del mundo global. Esto lo ha hecho en el marco de una situación de cambio en la correlación de fuerzas a nivel internacional que generara y esta generando nuestra soledad en el aspecto de las relaciones internacionales.
El ejercicio es sencillo, lo internacional-nacional-local en relación a los temas gruesos de la política colombiana y nos daremos cuenta que cada una de esas desiciones políticas que se llevan a cabo nivel nacional nos afectan en la vida cotidiana, de la misma manera que lo internacional nos afecta como nación. Se trata de establecer el punto de partida: ¿O nuestras prioridades como sector o el todo social como escenario de construcción de lenguajes y practicas comunes a todos?
No se trata de abandonar las estructuras, ni las direcciones políticas, no. Se trata más bien de superarlas para construir direcciones más ampliadas y ricas en imaginario, direcciones que se nutran de problemas tangibles y que ataquen decididamente esos problemas. De alguna forma y conservando el ideario marxista que ataque “el problema de raíz”. Esta exposición no es el cambio de un culto por otro, no se trata de una sobrevaloración del pueblo, ya que este en medio de toda su experiencia también tiene sus vicios y además son marcados; pero gran parte de esos vicios son producto de la aplicación de la política dentro de los escenarios populares. En varias ocasiones –no pocas- el pueblo trabaja para los partidos, para los sujetos que laboran al interior de los partidos, no hay una política de desarrollo diferente a ese espejismo en el horizonte por el cual muchos estudiantes, trabajadores, dirigentes políticos, intelectuales, sectores sociales, diferentes actores políticos marchamos: la sociedad nueva. No se ha construido una verdadera política para un desarrollo con justicia social y pues lógicamente al no existir no se aplica y todo se nos va en largas marchas, puños levantados, increpaciones entre iguales, nuevas ideas sin planeación en el tiempo, sin diseño, respuestas inmediatistas a problemas urgentes y si se quiere estructurales; en fin, poco trabajo y mucho activismo.
La discusión frente al tema del movimiento y el poder puede ser resuelta favorablemente para constituirse en un punto de partida de la organización política. Es hora que se discutan con responsabilidad estos ejes temáticos y es importante no seguir postergando un debate que nos trascenderá y trascenderá nuestras luchas. Rubén Dri señala que la discusión frente al poder en América ha sido una discusión postergada, principalmente porque la izquierda nunca ha tenido el poder[1] y esto ha originado una suerte de autismo político, un encerrarnos en nosotros mismos y el fortalecimiento del arte del caudillismo, gamonalismo y de las ideas geniales de los pensadores de izquierda. De alguna forma esto ha sometido los partidos a la subjetividad de muy pocos dirigentes políticos. Yo considero que uno de los problemas originado de lo anterior es precisamente la tendencia a seguir conservando esa estructura, inclusive la voluntad de transformarla, por la fuerza inercial que conserva y que hace que tanto dirigentes como pueblo sigan cayendo en ella.
El movimiento es una expresión con una columna vertebral definida, pero la misma es el producto de la reflexión acerca de la naturaleza de sus actores, de sus lógicas, sus necesidades y sus realidades. Reflexión que no se ha llevado a cabo todavía. A la definición de la naturaleza y el imaginario del movimiento le sobrevienen las practicas tan variadas como numero de actores existan. La única coherencia posible esta en la búsqueda política de quienes actúan dentro de los movimientos. En ese sentido no existe movimiento si no organizaciones y personas que tienden a atomizarce en sus practicas.
Pensar desde abajo es construir poder partiendo de la premisa que somos un no-poder, un poder en negativo; que en esa construcción de poder que reconoce el conflicto histórico y lo alimenta de realidad, es importante partir de la naturaleza de los sectores populares, llevar a cabo un reconocimiento real de las mayorías excluidas, para elevar a la condición de plataforma de lucha del partido político (que ojala fuera del movimiento) y de sus representantes las problemáticas centrales de la realidad Colombiana, equiparlas a las importantes decisiones acerca del futuro del país, conversarlas y originar desde ahí una estrategia concreta de trabajo y actuar político. Una estrategia para la construcción de poder.
Hay que abandonar la retórica revolucionaria y sobretodo la retórica revolucionaria de antaño; la realidad necesita de un poco mas que eso. Decir que El socialismo es hoy para hacerlo verdaderamente seria una importante herramienta para tener en cuenta en la movilización y construcción del fortalecimiento de las comunidades, no solamente para empujar a la calle a esas grandes cantidades de sectores que a veces marchan, a veces discuten, a veces pelean por consignas y en varias de esas veces desconocen el contenido concreto por lo cual pelean. Sin que signifique no reconocer que todas nuestras peleas y nuestras resistencias son dignas y necesarias.
Decir que el socialismo es hoy es construir estrategias de desarrollo comunitario, comunicacional, político, económico como contrapeso a un futuro marcado por los anuncios de crecimiento de los Barrios sub normales, el aumento de los impuestos, la imposición de tarifas a los alimentos, el desarrollo de los pactos comerciales caso TLC Estados unidos-Colombia y sobretodo estrategias educativas para que desde la academia universitaria, superior, media, primaria, no formal y alternativa, se originen respuestas coherentes y entendibles que contribuyan tanto a la maduración de la vida política del pueblo, como a la transición de la organización al movimiento, porque insisto, uno de los problemas concretos de nuestra poca adultez política es pedagógico desde la comunicación.
Pensar desde abajo para hacer política.doc
[1] Bueno, habría que argumentar que esta afirmación es una afirmación de la época. A inicios del siglo XXI el único cambio importante que se anunciaba en América era el venezolano, pero era un cambio de gobierno y no de poder, hoy ese panorama ha cambiado y posiblemente América del Sur no se pueda resistir mucho al cambio hacia la izquierda. Lamentablemente este no es el caso colombiano.


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